Los programas de ejercicio físico se asocian a aumentos significativo en la autoestima, particularmente en individuos con auto concepto bajo, sin embargo estos aumentos no se asocian a mejoras de la actitud (estados de ánimo), Gruber (1986) encontró que los niveles altos de autoestima estaban asociados a la participación en programas de la educación física, con lo que concluye que la actividad física es un protector importante para aquellas personas que tienen un auto-concepto bastante bajo.
La evidencia empírica apunta a que mientras que la reducción en ansiedad ocurre con los tipos de actividad anaeróbicos y aeróbicos, efectos más grandes fueron encontrados con la actividad aeróbica sostenida por 30 minutos o más tiempo. Esto indica que posiblemente la práctica de un deporte aeróbico en sesiones superiores a los 30 minutos tendría repercusiones importantes en la calidad de vida de los pacientes que presentan problemas en ansiedad. Así mismo, puede convertirse en un aliado importante en las estrategias terapéuticas estructuradas por psicólogos, psiquiatras y médicos.
El instituto Nacional Americano de La Salud Mental indicó que el ejercicio reduce ansiedad, disminuye la depresión moderada, mejora el bienestar emocional y aumenta la energía. Los estudios de Doyne et al (1985) encontraron que en las mujeres que asistían a tratamiento psicológico y que presentaban síntomas depresivos, un programa de seis semanas de terapia a partir de ejercicio físico disminuía dichos síntomas. Sin embargo, la reducción de los síntomas depresivos no fue relacionada con los niveles de la actitud frente a situaciones cotidianas.
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